Yo quería ser Ultramaratonista

Al llegar al arco de salida me llené de miedo, pensé por un momento abandonar, pero mi sueño era más fuerte y mi deseo era ser ultramaratonista.

Soy Jorge, y mi ilusión empezó hace 1 año ¡yo quería ser ultramaratonista!… Por un momento pensé en que sería algo muy alocado y que no lo iba a lograr. ¡Tan sólo imaginar 50k en montaña! Pero quería hacer el intento y me lo propuse como objetivo para hacerlo un año después. Investigando como podría lograr mi objetivo, me enteré que debía tener una carrera de 30k o más para poder ser apto en la distancia de 50k en UTMX, teniendo como ilusión debutar en ese Ultra.

Inicié mis entrenamientos en terrenos montañosos como Totolapan y el Nevado de Toluca, al poco tiempo me convencieron 2 carreras: Cerro Rojo y Pinal de Amoles, la primera la tomé como entrenamiento para Pinal de Amoles, y con ella podre calificar para el UTMX.

Logré terminar ambas competencias en tiempo y forma. Pinal de Amoles fue una carrera de mucho sufrimiento con las subidas y por haberme perdido aproximadamente 8 kilómetros por seguir al competidor que iba delante de mí. Fue un Trail con subidas muy extremas, en el que debía marcar 33 kms y que terminé con 41kms… En muchas ocasiones estuve a punto de rendirme, pero recordé el motivo por el que estaba ahí, y no quería romper con este objetivo que cada día estaba más y más cerca.

Llegó el momento del pre-registro para UTMX, y aunque yo ya cumplía con los requisitos, tenía el temor de no ser apto o que se hayan agotado los registros. A muchos de mis amigos le respondieron de inmediato y yo no tenía ninguna señal. Empecé a desesperarme y pensar negativo, terminó el día sin recibir ese deseado correo de confirmación.

Al día siguiente me llegó un correo que decía: “Felicidades Jorge, estás aprobado para la distancia de 50K UTMX”. ¡Mi felicidad fue extrema, no lo podría creer! De inmediato me inscribí sin dudarlo por un segundo.

Ahora el siguiente paso era entrenar duro para mi maratón (CDMX) y el Ultramaratón (UTMX), los cuales iban un poco agarrados de la mano y pude combinar el entrenamiento en asfalto, montaña, bicicleta y gimnasio.

Llegó el día del Maratón de la Ciudad de México, en mi mente pasó que tenía que hacer un bien tiempo y tomarlo como un entrenamiento para el UTMX. Terminé el maratón con un tiempo de 3:26 hrs. Superando mi tiempo del año pasado, pero a la vez observando que mi entrenamiento estaba por bien camino. ¡Estaba dando resultados!

Día de entrega de paquetes UTMX

El deseado día estaba por llegar, faltaban sólo unas horas. Aún no me imaginaba lo que estaba a punto de hacer hasta el momento que e formé en el stand para recibir el número de 50k. Al recibir mi número comencé a sentir la adrenalina y una enorme cantidad de nervios. Sólo me quedaba disfrutar del paseo, tomar algunas fotografías y encontrarme con mis amigos para relajarme un poco.

Día del Ultramaratón
Por fin, llegó el día esperado. El miedo invadió mi cuerpo, tenía miedo de no terminarlo. El miedo era tan fuerte que estaba a punto de salirme del bloque. Me regañé a mí mismo, ¿tanto había esperado este día para abandonarlo.

Durante la cuenta regresiva el miedo era mayor, mi estomago se endureció. Pero a pesar de haber tenido miedo comencé a correr. Me encontré con una ruta super técnica, demasiado lodo, resbalones y aún no salía el sol. Lo único que me acompañaba en ese momento era la luz de mi lampara. En el km 5 comenzó a llover un poco fuerte, mucho frío y neblina. Al principio lo disfrute pensando que esto pasaría muy pronto…

Vaya sorpresa, la lluvia me acompañó durante 45kms, toda la ruta estaba con lodo. Vi a muchos corredores caerse, pero se levantaban y seguían, como si no pasara nada. En el km 18 sentí mucho cansancio y por mi mente pasó el pensamiento de abandonar la competencia en el siguiente puesto de abasto, ya no podía más.

Al llegar al punto de abasto, hice un juego de números y a trabajar mi mente pensando: “Estoy a 5kms de llegar a la mitad, y de ahí me faltará menos. ¡Sí puedo!”. Tomé lo que debía tomar, le agradecí a todos los voluntarios, porque ellos fueron parte fundamental para todos los corredores en ese ultra. Al retomar mi camino lo único que me dije fue: “Venga, si puedes. ¿Quieres ser ultra? ¡Pues échale huevos!

Después de tanta subida lodosa, por fin llegaron las benditas bajadas, donde no existían frenos. En algunos momentos las bajadas eran demasiado empinadas pero llenas de diversión. Al mirar mi reloj me sentí súper bien, ya iba en los 25kms cuando aparecieron algunas subidas, mismas que logré pasar sin problema.

Llegando al Abasto del kilómetro 30 me llevé una grata sorpresa, de pronto escuché que gritaron mi nombre… Era una de mis mejores amigas dándome ánimos. Fue una motivación que me llenó de energía y felicidad para continuar. Me regaló unos geles energéticos y algunos consejos para lograr mi ansiada meta.

Creo que los primeros 30kms eran una probadita, ya que venía lo más difícil, unas subidas cortas pero de gran inclinación. Tomé aire y lo hice poco a poco, llegando a lo más alto de la altimetría. Empecé a sentir demasiado frío, se me durmieron las manos, no podía ni hablar, sólo mover las piernas. Por un momento pensé que eran síntomas de hipotermia. En la bajada siguiente aproveche para mover todo el cuerpo y entrar en calor, recuperándome perfectamente.

Nuevamente llegaba el miedo, sólo deseaba llegar al abasto del kilómetro 40 para ver cómo me sentía y saber si estaba en condiciones de seguir o tomar la decisión de abandonar – nuevamente ese maldito pensamiento traicionero. Dado que el abastecimiento se encontraba hasta el kilómetro 42 pensé: “Ya tengo el maratón, vamos por ese ultramaratón, sí puedo. Mucha gente me está esperando en la meta, y todos ellos creyeron en mi y no les puedo fallar”.

Al llegar al kilómetro 47 pasó por mi cabeza todo lo que había hecho para estar ahí, todo lo que me costó llegar hasta ese kilómetro. Con un nudo en la garganta sólo pensaba en mis amigos que llevaban horas esperándome en la meta. A 2 kms de concluir revisé mi teléfono, tenía mensajes de mis amigos preguntándome si me encontraba bien y pidiendo les avisara cuando leyera su mensaje. Acto seguido respondí: “Amigos, estoy bien. Me faltan 2 kms para cumplir mi meta”.

Kilómetro 48

Fueron los 2 kilómetros más eternos de mi vida, comenzaba a ver gente alentando a todos los corredores. “Venga campeón, lo lograste”, “Tu gente te espera, ya llegaste”. Lo cual sólo podía responder con una sonrisa, ya no podía hablar de la emoción.

Al ver la meta salió la última fuerza de mis piernas, estaban acabadas. Durante días pasados y en el trayecto había planeado mi llegada a la meta, pero nada salió como lo deseé, lo único que pasó en ese momento por mi cabeza era llegar para dejar de correr y descansar. Al pisar el tapete de la meta me quedé sin palabras, no pude decir ni una sola palabra, tan sólo salieron algunas lágrimas por haberlo logrado, el dolor de piernas valió la pena.

A unos metros del arco de meta escuché gritos y porras: “Jorge, Jorge, sí se pudo amigo, eres un chingón” (aún lo recuerdo con mucho sentimiento). Eran mis amigos, quienes me habían esperado por horas, no pude decirles nada; al abrazarlos se me salieron las lágrimas con todo.

Han pasado algunos días de esta experiencia y aún sigo bloqueado, no puedo creer que lo pude hacer. Quizá no fue el mejor tiempo, lo concluí en 8 horas y 57 minutos, pero es mío, me lo gané y no fue nada fácil.

Al escribir estas líneas sólo les puedo dar un consejo: Póngase un objetivo y no quiten el dedo de encima, ustedes podrán lograr todo lo que quieran; los límites se los pone uno mismo. Nunca digas que no puedes, porque podrás con más que eso, y si tienes miedo, hazlo con miedo, pero nunca permitas que algo te detenga, sólo hazlo.

 Jorge Sánchez.

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